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Este lunes hemos leído la noticia sobre la detención de dos individuos por la propagación indebida de material vegetal en un semillero. Lo inaudito es que sea la primera vez hayan pillado a alguien, siendo una práctica habitual desde hace años por numerosos semilleros de la zona del sureste español; siendo aún más común en la zona de Málaga y Murcia, en donde el agricultor confía en su semillero como un proveedor incuestionable. Esto por supuesto no ocurre en Almería, que el agricultor no se fía ni de su sombra y cuando el semillero la fastidia, como ha sido el caso de uno esta primavera en El Ejido, se le castiga duramente. No hablo por hablar, personalmente esta técnica se realizaba hace más de 10 años en determinados semilleros y sin importarle a nadie, visto por mis propios ojos.

La empresa propietaria de los derechos intelectuales ha sido la que ha dado el chivatazo pero, no ha sido por el bien común, sino por la pérdida de los réditos que podría haber obtenido al vender tres veces más semillas. Nos olvidamos del primer perjudicado, el AGRICULTOR, que inocente y crédulo, paga un injerto, con su pie y guía, a precio de mercado, beneficiándose únicamente el semillero en cuestión. Valientes empresarios y valiente compañía de semillas, que miran tanto por el bien del agricultor; pero ojo, la noticia es que se han copiado variedades patentadas, no la estafa directa al que ha comprado la semilla a precio a veces imposibles.

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